calma

12 / abril / 2021

Este fin de semana se nos ha hecho largo y no nos alegramos por ello. El lunes sabe a amargo, y una extraña sensación nos obliga a deambular en silencio por los pasillos de nuestra oficina. El trabajo será el de siempre, pero no los trabajadores; y entre miradas perdidas intentaremos sacar coraje de algún lugar remoto donde tal vez lo hubo. Hoy, más que andar deambulamos, más que hablar nos limitamos a encontrar palabras, y nos cuesta hallar el modo de recuperar todo lo perdido. Aparece el jefe, y ni el miedo que siempre nos transmite llega esta vez a intimidarnos. Aún así, nos da una charla sobre la vida y la muerte, sobre lo injusta que es a veces y nos incita a sacar fuerzas de donde sea para seguir con nuestro trabajo. Un silencio. Todavía más miradas. Y cuando se escabulle decidimos que la vida debe continuar. Y allí, encerrado en su oficina, tras aquella inyección de adrenalina, el hombre se derrumba en su butaca de jefe y llora en silencio por su hija.


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